jueves, 29 de diciembre de 2011

En Tus Huellas

"¿Qué harías tú en su lugar?"

 Esta es una de esas preguntas que usamos habitualmente en nuestro día a día, y a la cual contestamos indiscriminadamente sin plantearnos la complejidad de la pregunta. Parece una reflexión sencilla, intentar ver las cosas desde el punto de vista de otro... y sin embargo, tantas disputas, tanta divergencia, tantos confictos entre nosotros, me hacen pensar que mucha gente no sabe realmente cómo hacer eso tan esencial para el mutuo entendimiento.

Cuando intentamos entender por qué alguien hace las cosas que hace, intentamos pensar qué haríamos nosotros en su situación, hasta ahí todo bien. El problema es que a menudo aun poniéndonos hipotéticamente en el pellejo de otro, no podemos entender el por qué de las acciones de esa otra persona en esa determinada situación. ¿Por qué?

Pudiera ser tal vez que no hubiésemos matizado lo sufiente el significado de la expresión.
¿Qué harías tu en su lugar? normalmente se entiende como: "si estuvieras en la situación de esa persona ¿cómo actuarías?", cuando lo que realmente debería significar es: "Si tu fueras esa otra persona en esa situación, ¿cómo actuarías?"  Esto quiere decir que la mayoría de nosotros solo somos capaces de ponernos en situación parcialmente. Por supuesto tu sabes como eres y como sería probable que reaccionaras en una situación concreta, pero solemos olvidar que esa persona no es igual que nosotros.
Cada vida es una sucesión de experiencias, de lecciones aprendidas, de práctica, ensayo y error, recuerdos, conceptos, principios, y eso es lo que hace que una persona sea tan infinitamente diferente de otra. Asi que la pregunta sería ¿Si fueras como esa persona, no crees que harías lo mismo?. Es decir, que el problema de la incomprensión mutua, tiene uno de sus pilares en el hecho de que la mayoría de la gente cuando pensamos estar intentando entender la postura de otro individuo dentro de una situación concreta, en realidad lo que estamos haciendo es ponernos a nosotros mismos en esa situación y olvidando por completo que esa otra persona no tiene porqué razonar igual que nosotros. Y por supuesto, como nuestra vanidad parece no tener límites, llegados a ese punto, nos es más fácil pensar que esa persona sencillamente no razona, antes que dar margen a la posibilidad de que aunque no entendamos las bases del razonamiento ajeno, sus conclusiones sean igual de válidas y respetables que las nuestras.

¿Que pena damos eh? Siempre tan egocéntricos....

No hay comentarios:

Publicar un comentario